COP 21: Más allá de los compromisos de reducción de emisiones, ¿qué financiación para el Fondo Verde?

Como saben, este año se celebrará en París la 21ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático -de ahí el nombre de COP 21- que, en principio, debería permitir a los países de nuestro planeta tomar las medidas necesarias para limitar el aumento de la temperatura global a sólo 2 grados de aquí a 2050. Un tema que ha dado lugar a conferencias periódicas, la última de las cuales tuvo lugar en Copenhague, sin que se llegara a ningún acuerdo sobre los esfuerzos que las distintas partes podían aceptar.

Desde entonces, se ha celebrado una conferencia intermedia en Lima para preparar la conferencia de París, en la que cada país debe asumir compromisos reales. Se han hecho algunos progresos aquí y allá, lo que nos da esperanzas, pero nada es menos cierto.

Entre las cosas positivas, podemos celebrar el cambio de opinión de China para controlar mejor las emisiones de CO2 en su país, por un lado, y por otro el de Estados Unidos, que después de haberse negado a entablar esa lucha, han decidido tomar medidas firmes para mantener lo más constante posible la evolución de las temperaturas en el planeta. Las cosas irían muy bien si no hubiera un elemento formidable que se interpone en nuestro camino.

Se trata de que el contenido de CO2 de la atmósfera ha sido acumulado únicamente por los países desarrollados, ya que su presencia industrial lo ha acumulado a lo largo de los años, y que, por tanto, los países en vías de desarrollo no están dispuestos a soportar el peso de la acumulación de gases de efecto invernadero del planeta por parte de estos países, en su detrimento, por así decirlo. Por ello, han pedido que los esfuerzos que se realicen en sus territorios para reducir las emisiones de GEI sean reembolsados por los países ricos por haber sido los primeros en aumentar el stock de GEI presente en la atmósfera del planeta.

Los países ricos aceptaron este principio en la conferencia de Copenhague. Los importes correspondientes a esta ayuda han sido evaluados en 100.000 millones de dólares anuales (¡!) a pagar a los países en desarrollo a partir de 2020. Se ha instituido un organismo de recaudación y redistribución, con criterios a establecer, de este maná, el Fondo Verde, pero sólo ha recaudado 10.000 millones para el periodo 2015/2018, de los cuales 1.000 millones fueron aportados por Francia.

Además de la cuestión general de cómo los países pueden cumplir sus compromisos de controlar sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta el nivel necesario para mantener el aumento de la temperatura en 2 grados centígrados en 2050, también será necesario tratar la cuestión subsidiaria de cómo alimentar el Fondo Verde con los 100.000 millones de dólares que se entregarán a los países «pobres». Es esta cuestión la que podría echar por tierra la COP 21, ya que los países pobres (o del Sur, como prefieran) han amenazado con no firmar nada si no

 se resuelve la cuestión. 

Otro detalle relativo a este Fondo Verde: ¿Qué contribuciones hay que tener en cuenta, la ayuda internacional, las inversiones privadas bajo ciertas condiciones, las donaciones o los préstamos de los bancos de desarrollo? Y con qué fines, los llamados proyectos de mitigación o los de adaptación, es decir, la construcción de equipos para luchar contra las consecuencias del calentamiento global (presas, riegos, etc.)

Porque en este campo también hay una gran disparidad de opiniones. ¿Qué financiación privada, por ejemplo, cuando no es la vocación de la financiación privada financiar sin un retorno de su inversión? Y cómo arbitrar entre los proyectos de mitigación deseados por los países desarrollados y los proyectos de adaptación deseados por los países pobres. Además, los países desarrollados ya financian entre 30.000 y 50.000 millones de dólares de ayuda a los países del Sur cada año (cifras del Instituto de Recursos Mundiales de Estados Unidos). Tendrían que aumentar sus contribuciones con mucha regularidad para alcanzar los 100.000 millones anuales deseados para 2050.

Es tanto como decir que todo esto no está ganado y que la COP 21 será probablemente un ejercicio difícil. Nuestro Presidente ha previsto su participación activa en esta conferencia como punto culminante de su mandato de cinco años. No es una conclusión previsible que le ayude a presentarse de nuevo en las próximas elecciones presidenciales.

En cualquier caso, ¡la factura podría ser muy alta para los habitantes de los países desarrollados!