No diga más «migrantes», diga refugiados

El increíble despiste de los periódicos franceses, que fueron los únicos en Europa que no publicaron en «portada» la foto del cuerpo de Aylan, el pequeño sirio que murió ahogado frente a las costas turcas, es una llamada de atención. ¿Qué explica que, en el inconsciente colectivo de los medios de comunicación franceses, la foto de Aylan haya sido descartada sin juicio como si fuera una noticia más? Al fin y al cabo, llevamos veinte años viendo fotos como ésta, al ritmo de los naufragios en el Mediterráneo, así que ¿por qué tratarlo de forma diferente?

Quizá la respuesta esté en las palabras del debate francés: la actual crisis humanitaria se trata como un agravante, ciertamente espectacular, pero un simple agravante de una «ola migratoria» que, desde hace años, llega a las costas europeas, hoy en Italia y Grecia, ayer en España. No es casualidad que hablemos de «migrantes» o «inmigrantes ilegales» y no de «refugiados». En el fondo, para los franceses, Aylan es una víctima más de esta «miseria mundial» atraída por el Eldorado europeo. Estas masas indiferenciadas que fuerzan nuestras fronteras arriesgando sus vidas, y este es el discurso del Frente Nacional, no son más que «migrantes-inmigrantes» que han venido a robar el pan de los franceses, en el mejor de los casos, y a importar la Yihad, en el peor.

La palabra «inmigrante» es una máscara semántica que permite negar la especificidad del drama humano que se desarrolla en nuestras fronteras, una palabra con connotaciones negativas: al fin y al cabo, ¿no significa «inmigrante»? Sin embargo, la gran mayoría de los que pretenden venir a Europa nunca habrían pensado, hace unos años, en abandonar su país: «emigran» sólo porque huyen de la guerra, las masacres, las persecuciones, las violaciones, la tortura, la muerte. ¿Se le ocurriría a alguien llamar «emigrantes» a los opositores políticos o a los judíos que huían de la persecución nazi en los años 30? ¿Llamar a los vietnamitas «boat people» o a los camboyanos que huyen de la furia de los jemeres rojos «migración»? Aylan, que no ha conocido más que la guerra, se habría quedado en casa si no fuera por los horrores cometidos por El Assad, las milicias islamistas y hoy Daech. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Frontex, la agencia europea para la vigilancia de las fronteras exteriores, o un país como Alemania utilizan las palabras adecuadas: la Unión se enfrenta a una crisis humanitaria, con una afluencia excepcional de personas (en su mayoría sirios, pero también iraquíes, afganos, eritreos) que buscan seguridad. Hablar de «migrantes» es negar su sufrimiento, prohibir a los ciudadanos que piensen en el drama que está teniendo lugar, anestesiar a la opinión pública: el apagón francés sobre la foto de Aylan demuestra que las palabras tienen mucho peso. Los políticos y la prensa son responsables de esta terrible cifra: el 56% de los franceses se niega a acoger a los llamados «migrantes», mientras que el 66% de los alemanes está dispuesto a abrir sus puertas a estos «refugiados»: al otro lado del Rin, sabemos que sólo pueden ser devueltos a la miseria de los campos de tránsito o a la muerte. Aylan era un refugiado, decirlo es rechazar esta lepenización de las mentes.

Nota: editorial publicado en Libération el 6 de septiembre