Pero, ¿dónde están los 100.000 millones de fondos para el clima?

Usted sabe que uno de los puntos críticos de los acuerdos a los que se llegó en la COP 21 residía en la financiación de los esfuerzos de reducción de las emisiones de GEI por parte de los países en desarrollo. Estos últimos habían señalado hábilmente a los países industrializados en las anteriores COP de los últimos años que eran ellos los que, en el curso de su desarrollo económico durante los siglos anteriores, de 1850 a 1970, habían contribuido en gran medida a la acumulación de la manta de CO2 existente que había contribuido al inicio del calentamiento global.

En otras palabras, los países que crearon las tecnologías que han mejorado enormemente nuestro modo de vida y han contribuido al desarrollo económico del mundo lo habrían hecho… ¡demasiado pronto y en su propio beneficio y en detrimento de los países en desarrollo! Si siguiéramos este razonamiento, los países desarrollados tendrían que contribuir, además de lo que ya están haciendo, a los futuros esfuerzos de estos países para minimizar sus futuras emisiones. Esto supone una doble penalización para los países industrializados. Tendrán que pagar dos veces por el avance tecnológico que han realizado.

Nuestros crédulos políticos han tragado, sin duda para sorpresa general de los países en vías de desarrollo, y han acordado pagar cada año, hasta 2020, 100.000 millones de dólares a repartir entre todos los países en vías de desarrollo. Sin duda no recordaban que, cada año desde hace décadas en diversas capacidades, FMI, AFD, BAD… etc, les enviamos regularmente cantidades del mismo orden para construir carreteras, construir infraestructuras, explotar tal o cual recurso, que a veces encontramos… en las arcas o cuentas numeradas de bancos suizos    

Antes del comienzo de la COP 21, se les informó de que la parte más difícil de las discusiones preliminares era la creación de este fondo de 100.000 millones para el primer año y la distribución de este dinero entre los beneficiarios, así como el control del uso de este dinero. Es probable que la cifra se mencione en el texto final votado por unanimidad por los 195 participantes, sin que se sepa cómo se distribuirá este montón de dinero y según qué principios.

El último informe de la OCDE mencionaba 62.000 millones de dólares a los que se habían comprometido los países, pero sin ninguna información sobre los afortunados receptores de esta ayuda. Además, los países donantes han reclasificado a veces los fondos previstos bajo otro título como «fondos climáticos», una trampa clásica entre nuestros políticos. El volumen adicional real prometido por los países desarrollados sigue siendo un gran desconocido.

Esto significa que el asunto está lejos de terminar y que la transparencia de las donaciones, así como su uso, está lejos de estar garantizada