Somos Charlie», en la diversidad

Todos los especialistas en investigación lo saben, ya sean policías, jueces de instrucción, historiadores o investigadores: ante una escena, ya sea de un crimen, siempre recogen tantos testimonios diferentes como testigos haya. Algunos serán precisos, otros evasivos, otros se saldrán parcialmente del tema; algunos optarán por la exageración, otros por la minimización, algunos se quedarán en los hechos, otros darán rienda suelta a su imaginación o a sus convicciones. Corresponde a los detectives averiguar la verdad.

Partiendo de una excelente idea -la de pedir a 56 intelectuales que expresen sus sentimientos tras los trágicos atentados terroristas del pasado mes de enero (y añadir cuatro clásicos, Beaumarchais, Diderot, Hugo y Voltaire)-, una editorial acaba de publicar una colección con el título Nous sommes Charlie (Le Livre de poche, 165 páginas, 5 euros) impresa en letras blancas sobre una cubierta negra. La iniciativa es tanto más bienvenida cuanto que los beneficios de la operación se donarán a la asociación «Prensa y Pluralismo» en nombre de Charlie Hebdo.

Sin embargo, este libro, por naturaleza concebido a toda prisa, deja al lector con la duda: él también, como los investigadores, tendrá que «ordenar» esta jungla literaria. Pues los textos propuestos, heterogéneos y desiguales, van de los recuerdos personales a la ficción, de la reacción en caliente a la reflexión, de los editoriales de prensa a la poesía, de los inéditos a los reciclados, de la fracción de página al texto largo, del diálogo al epistolario y al análisis.

Está lo relevante, lo impertinente, lo tranquilizador, lo puramente emocional, lo estructurado, lo acartonado, lo argumentativo. Se podría haber previsto la elección de los autores, que mezcla alegremente a verdaderos intelectuales a veces presentes en los medios de comunicación y a estrellas mediáticas en perpetua promoción. Frédéric Lenoir está al lado de Jacques Attali, André Comte-Sponville está al lado de Bernard-Henri Lévy, Antoine Sfeir está al lado de Patrick Poivre d’Arvor… La falta de coherencia es por tanto inquietante, pero no sorprendente. Pero la idea principal que subyace en todos estos textos es, en definitiva, la única que importa: la defensa de la libertad de expresión frente a la barbarie oscurantista.

Entre las palabras más bellas, nos quedaremos con la de Philippe Claudel denunciando el espíritu muniqués de quienes, en 2006, se desmarcaron de Charlie Hebdo cuando el periódico publicó las caricaturas de Mahoma, «por ser demasiado prudentes y negar los valores de la libertad de expresión, la creación artística y el laicismo que son los pilares fundamentales de nuestra sociedad«. «La de André Comte-Sponville protestando contra el uso abusivo del término «islamofobia» y reivindicando la blasfemia (contra todas las religiones) como uno de los derechos del hombre. La de Charles Dantzig, que dice: «Encontrado en el ordenador de uno de los combatientes puros de la yihad contra la decadencia de Occidente: propaganda fundamentalista y pornografía» – puritanismo y tartufería están, desde siempre, íntimamente ligados. La luminosa de Gérard Mordillat denunciando esta «cultura de la ofensa» blandida por todos los grupúsculos, religiosos o no, pero siempre comunitarios, cuyo único objetivo es reducir a quien tiene la libertad de expresión que no le agrada. Por último, Elisabeth Roudinesco escribió: «Supimos desde ese momento [la publicación de las caricaturas de Mahoma en 2006] que el fanatismo no dejaba lugar a ninguna forma de libertad. Hubo entonces necios que afirmaron que las religiones, Dios, las creencias y las identidades no debían ser objeto de burla, que eran respetables y sagradas. ¿Cómo no ver que el mero hecho de plantear esa pregunta equivale a ceder a la intolerancia? Uno sólo puede reírse de lo que es sagrado. «Había que decirlo».

Es cierto que los comentarios de estos diversos autores carecen de una posición menos consensuada, como la adoptada por Claude Lévi-Strauss en una entrevista concedida al Figaro littéraire en septiembre de 1991, en la que declaraba que no había «nada más peligroso para la humanidad que las religiones monoteístas«, pero de estos sesenta textos eclécticos se desprende un tema subyacente, cuyo nombre, curiosamente, sólo aparece en algunos casos; esta palabra, inseparable de la noción de Libertad, sobre todo cuando se ve amenazada por censores de todo tipo, esta palabra que debemos hacer nuestra más que nunca frente al salvajismo ideológico envuelto en el sudario religioso: «Resistencia»